jueves 7 de abril de 2011

Helenofilias.

No sé en qué consiste. En verdad no me explico porqué en ocasiones me llega el repentino interés por imágenes, sonidos, palabras, conceptos, personajes, sucesos, etcétera. Como suelen ser intereses que apasionan, los equiparo con el nacimiento de un volcán, del cual emergen, directamente de las entrañas de la tierra, torrentes de magma, materia en fusión que, una vez enfriada, dará lugar a suelos de extraordinaria fertilidad y a esa roca obscura conocida como basalto, tan inseparable, por cierto, de los paisajes de la Ciudad Universitaria de nuestra querida UNAM.

Es de todos sabido que, después de haber liberado su energía a través del volcán -ahora extinto-, la tierra se apacigua un rato. Y de la misma manera en que la tierra se tranquiliza, cuando he satisfecho mi curiosidad, termina mi entusiasmo. Sin embargo, este continuo despertar de intereses y su posterior adormecimiento, más que convertirse en una oportunidad para sumergirme en los océanos de la erudición, se transforman en momentos de emoción volátil, en los cuales corro el riesgo de caer en la superficialidad. Es posible que se diga por ahí que ese comportamiento es el que lleva a las personas a volverse 'aprendiz de todo y maestro de nada'.

Pero a mí, la verdad, la erudición o ser un aprendiz sempiterno, son cosas que me tienen sin cuidado. Prefiero, por el momento, seguir con esos apasionamientos repentinos y compartir en este espacio una muestra de ello. Y es que desde hace un par de meses, me llegó un súbito deseo de acercarme a dos manifestaciones del mundo helénico contemporáneo: la música y la poesía.

Me he apasionado tanto por el trabajo de George Dalaras, como por la voz de una mujer que, sin duda, fue muy buena intérprete de tantos poemas musicalizados por Mikis Theodorakis. Sí, el mismo que compuso la música para 'Zorba el griego', película basada en la novela Alexis Zorbas de Nikos Kazantzakis (1883-1957).

Pero antes de hablar un poco más acerca de esa mujer, siento necesario subrayar que a Theodorakis se deben dos cosas. En primer lugar, dotó al buzuki, ese instrumento cordófono ligeramente emparentado con el saz de los turcos, con un repertorio que le hizo ir más allá de la música meramente rebética. En segundo lugar, logró que las palabras de tanto poeta pasaran de boca en boca, gracias a sus arreglos musicales que, aún hoy en día, son un deleite para griegos y no griegos. Y un buen ejemplo de ello es el poema 'Negación' de Giorgos Seféris (1900-1971), quien recibió, en 1963, el premio Nobel de Literatura:

En la playa escondida
y blanca como paloma
tuvimos sed un mediodía
pero el agua era salada
.

En la arena dorada
escribimos su nombre;
suave sopló la brisa

y borró lo escrito.

Con qué corazón, con qué aliento,
con cuántos deseos y pasiones
hemos vivido
: ¡qué error!
Y cambiamos de vida
.

El arreglo musical que realizó Theodorakis para este texto fue prohibido, pues se convirtió en un himno en contra de la junta militar que estuvo en el poder en Grecia, de 1967 a 1974. Acerca de este periodo, Takis Sinopoulos (1917-1981), escribió: "Atenas es una enorme cárcel. Grecia es un inmenso alambre negro de púas que se pierde en el cielo. Ninguna luz".

Como músico y militante, Mikis Theodorakis, sabía bien cómo llegar a los oídos de los griegos. Pero su música y los poemas no podían lucir sin la voz de la mujer a la que apenas me he referido. Cuando el compositor la escuchó por primera vez, quedó impresionado. Al final de la presentación, se acercó a ella y le preguntó: '¿Sabes que naciste para cantar mis canciones?'. A partir de ese encuentro, el prestigio de esta mujer creció a la par del de las composiciones de Theodorakis en que ella intervenía. Su nombre es María Farantouri y he aquí su voz en la primera estrofa del poema 'Negación', que en la versión musicalizada por Theodorakis, fue conocida con el nombre de 'En la playa escondida' (Στο περιγιάλι το κρυφό).

Por otro lado, al explorar en estos terrenos de la 'palabra florida' de la primera mitad del siglo XX, cayeron en mis manos los 'Consejos' de Klitos Kyrou (1921 - 2006), cuyo contenido no le será indiferente a muchos:

Ahora ya no se recomienda
Recurrir a las viejas fotografías
La vida tiene tantas recaídas

No regresen a la época de los amores
En los violentos veranos no sucumban
En la seducción de las pasadas voces
El celuloide mantiene posturas y sonrisas
En el amanecer de la vida figuras inmóviles
Que los miran nostálgicos momentos
Que todo poseían que han sido ya olvidados
Rostros que se alejaron de ustedes
El celuloide revela el engaño
Del tiempo agigantado a otro tiempo
Que permanece intacto en las mínimas
Muestras de desgaste por ello no hurguen
En viejas fotografías no se arriesguen
En comparación alguna que sugiera a pesar de ustedes
No lean dedicatorias de amistad o amor eterno
No vean a conocidos suyos que quedaron
Bien planchados como listos para la gran fiesta
Eviten cada incursión en viejas fotografías
No turben su serena quietud
Son sabias saben cómo vengarse

De tiempos más recientes, me he encontrado también con algo de Costas Montis (1914-2004), que no fue propiamente griego, sino chipriota; es decir, natural de la isla de Chipre, cuna y reino de esa diosa de la atracción sexual que fue Afrodita.

Pero aconteció que a mediados de 1974, el ejército turco invadió la parte septentrional de esta isla e instauró la República Turca del Norte de Chipre. La población grecochipriota fue obligada a desplazarse hacia el sur. Y hoy en día queda, además del rencor, una enorme bandera turca pintada en la montaña del Pentadáhtilo, cuya altura hace visible la bandera del invasor a los habitantes de Nicosia, la capital; eso sin contar con que, para mantener abierta la herida, dicha bandera es iluminada por las noches. Costas Montis en 'Invasión turca', reflexiona:

Ahora ya no sé
si las golondrinas partirán hacia Chipre
para enviarte mi carta.
Ahora ya no sé
si las grullas pasarán por las cimas del Pentadáhtilo
para entregarles mi carta.

Del mismo autor, otro texto que ha fungido como un estímulo más en este periodo de apasionamiento, es el siguiente. Y en él, todo está dicho:

Nosotros no vivimos la vida; la recorremos

Todo lo que vivimos, todo lo que amamos,
todo lo que dijimos nuestro,

se repetirá en nuestra ausencia con otros que lo vivirán,
otros que lo amarán, otros que lo harán suyo.

Estos versos no se completan en frío,
estos versos los completará el mercurio de la última fiebre,
estos versos los completará nuestro último delirio,
explíquenlo al editor.


Somos guijarros que la ciudad mondó.

Una prueba tipográfica somos, amigos míos,
está sujeta, permanentemente, a correcciones.

Algún día vendrá alguien que quite la línea divisoria,
con una flameante interlínea en el cielo,
con un leve carrizo en la tierra.

Pasando a otro asunto, no es del todo aventurado afirmar que la historia de Grecia y España, durante el siglo XX, fue muy similar. Ese fue el motivo por el que cierto público, tanto en España como en Grecia, estaba interesado por dar a conocer lo que en materia poética se había hecho en ambos países. Sin embargo, parece que eso ha quedado en buenas intenciones, puesto que aún no se dispone de las traducciones suficientes como para alcanzar ese objetivo.

Pero si ya de por sí es una lástima que en la misma España haya poca circulación de las letras helénicas contemporáneas, eso se vuelve una desgracia aquí en El Ombligo de la Luna, pues hasta la fecha no he podido encontrar un ejemplar del Epitafio -y muero por leerlo- de Yannis Ritsos (1909-1990) -por cierto he aquí uno de esos poemas musicalizados por Theodorakis e interpretado por María Farantouri-. Tampoco he visto algún libro de Costas Montis, a pesar de que en alguna ocasión, Stalo Monti-Pouagare, hija del escritor, se haya presentado en la Facultad de Filosofía y Letras, para develar un busto en bronce de su padre y para anunciar que, de sus textos, ya se preparaban las traducciones al español. Qué frustrante es -hay que admitirlo- el hecho de no poder leer un texto en el idioma en que fue escrito. Δεν καταλαβαίνω ελληνικά !

Hasta aquí con las helenofilias. Estas serán retomadas en otra entrada, en la cual se hablará un poco -ya que otros han hablado mucho- sobre el alejandrino Petrou Constantino Cavafis.

Fuentes:

Kappatos, Rigas y Montemayor, Carlos (1993), Antología de la poesía griega del siglo XX, Textos de difusión cultural, UNAM, México.

http://bibliocriptana.files.wordpress.com/2009/05/18-26-05-09.pdf
http://lapasiongriega.blogspot.com/2008/05/yiorgos-seferis-negacin.html
http://lapasiongriega.blogspot.com/2010/07/chipre-treinta-y-seis-anos-de-ocupacion.html

http://www.jornada.unam.mx/2010/04/20/index.php?section=cultura&article=a05n2cul

2 opiniones:

Luis FIGUEROA dijo...

A lo mejor no tiene nada que ver; pero Theodorakis me recordó a Miguel Hernández. Saludos

Resih Umar dijo...

Sí, vaya que sí hay parecido entre ambos. Sobre todo por su militancia en la izquierda, la prohibición de su obra y por haber estado presos varias veces en las cárceles de las dictaduras.
Muchas gracias por la visita y el comentario.
Saludos cordiales hasta Guatemala, país hermano.