lunes, 8 de junio de 2015

Arrugas

Si permanecieras para siempre
en aquellos ojos que en ti puse,
en aquel oscilar
de virgen y meretriz eternamente,
serías el sueño prolongado
que no existe.
Mas los años, amiga,
los años que pasaron
hicieron de caucho tu piel.
Y la desesperación de las arrugas
adornó tu rostro
en un rasgo de ti misma.
Y te desdoblaste en cascadas de gestos
en busca de lo que fuiste
sin saberlo.
Y hay algo de injusto en todo esto,
porque mis ojos
aún tienen la misma edad.
Y el tiempo,
ese verdugo lento
hizo de nosotros una referencia,
un recuerdo oculto de lo que fuimos.
Y hoy tal vez son tus hijas
quienes heredaron de ti  
la altivez, la gracia de garza,
y el altar de admiración.
Pero tú, amiga, tú...
Tus senos de mármol,
que mordí como amante,
me los robaron de envidia
el tiempo y la lejanía.
Por eso me niego a verte hoy,
sin estar en aquel recuerdo.
Dicen que es así
esto de vivir.
Y todo es crudo, injusto y triste
en esta amargura. 
Porque la belleza extrema
nunca debería morir.
Y todo lo que me ha acabado
no me preocupa,
pues nunca conté mucho
para lo bello que me diste.
Siempre voy a ser esto:
cualquier cosa,
cada vez más viejo y agreste.
Pero tú tenías derecho a la eternidad.
Tu rostro, tu cuerpo y tus manos
viven para mí aún y siempre
en el ideal que de ti guardo.
Y hay algo de injusto en todo esto,
porque mis ojos...
aún tienen la misma edad.

Pedro Barroso, cantautor portugués. 
Traducción: Resih Omar Hernández Beristáin.


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