miércoles, 12 de septiembre de 2007

J'ai peur d' échouer.

Hay cosas de las que he huido, pero he aprendido que esas cosas deben afrontarse. ¿Qué hacer cuando sobreviene el pánico, cuando son muchos los errores, las presiones en varios flancos y en uno de ellos se evidencia poca fortaleza? El miedo, el peor de todos los enemigos -dado que es capaz de paralizar a cualquiera- puede entrar a través de ese flanco endeble. He ahí, está ya dentro de uno: el miedo al fracaso.

No espero palabras de aliento, no espero nada. Quisiera que con sólo escribir esto se fuera drenando el miedo y que se fijen en uno palabras como: "Usted es joven y aún puede soportar los duros golpes de la vida". Pero si la juventud es un "divino tesoro" y la vida un suspiro, el miedo al fracaso me amedrenta más: el tiempo apremia. Empiezo a perder movimiento como quien es paralizado por la ponzoña de una serpiente. Sé muy bien que nadie va a venir a rescatarme. La lucha tiene lugar en un campo donde sólo cabemos mis miedos y yo.

Imagen: http://www.elciudadano.cl/imagenes/gt2.jpg

jueves, 6 de septiembre de 2007

Sin cerrar los ojos.

Cuántas personas duermen ahora mismo en esta parte del mundo y yo aquí, en vela frente a una pantalla. Pausadamente me suministro unos sorbos de té. Hace tiempo que no sufría de insomnio. Parece que ya empiezan a alterarme la tranquilidad las cosas que hay por hacer. Y el reloj sigue ahí: palpitando, palpitando. No faltará mucho para que escuche el despertar de los pájaros y para que, aproximadamente a las 6:15, se escuche la campana que anuncia la llegada de los recolectores de basura. Veré encenderse la luz en la ventana de la casa vecina. Percibiré el sonido de algunos vehículos que se niegan a arrancar y escucharé el paso apresurado de una mujer en zapatos de tacón. Bastará con que poco después mire por la ventana y note que ya está clareando. La manera en que ha sido construida esta casa me priva del espectáculo de la salida del sol. Cuando empiece a iluminarse allá afuera, tal vez ocurra lo que más me temía: empezaré a sentir sueño justo cuando tanta gente ha dejado de dormir y empiece sus actividades cotidianas. Me meteré a la cama como quien entra a una espelunca y dormiré como quien ha hecho de la noche, día.