sábado, 28 de julio de 2007

El silencio, más que ser oro, es una mina de palabras.

Hace una semana que el más joven de mis hermanos decidió irse a probar suerte a Córdoba. Durante el viaje, que hicimos juntos, apenas hemos conversado: entre dos sujetos tan distintos hay muy poco que decirse. Ese fue siempre nuestro problema. No sabíamos cómo acercarnos. Recuerdo las ocasiones en que sólo nos atrevíamos a hablar tras la desinhibición que brinda el alcohol. Sólo así fuimos capaces de decirnos lo que nos angustiaba y prácticamente se nos podía ver llorando como en esos "dramas mexicanos", esas telenovelas cursis denominadas así por los brasileños. En una de esas dijo que sentía como un castigo tener que buscar una familia en otras personas, pues parecía que su verdadera familia siempre le había dado la espalda. Ya no fue sorpresa cuando una madrugada, ante las recriminaciones de mi padre, le dijo que él no tenía ningún derecho a reclamar nada y sacó a flote todos los rencores guardados hacia él desde la niñez, todas esas cosas irreversibles que nos amargaron en la infancia, que moldearon nuestra personalidad y que forman parte de los rasgos que nos caracterizan en el presente. Todo eso siempre estuvo oculto detrás de los silencios.

Una vez llegados a Córdoba, cada cual se dedicó a sus asuntos. Intercambiamos pocas palabras. Pasaron cinco días y regresé a casa. En el camino comencé a sentirme mal por no haberle podido dar ni siquiera un abrazo de despedida y decirle que lo admiro, que sentía mucho las disputas que tuvimos en el pasado y que lo estimo. No fue posible. De nuevo se interpuso el silencio. Extrañaré esos domingos en que lo veía acurrucado con su novia
en la sala. Creo que hasta extrañaré un poco de lo yo tanto denostaba de él. Después de tantos proyectos desmoronados, espero que le vaya mejor. Después de ese pasado, ese maldito pasado que tanto atormenta, deseo que todo le resulte bien.

Qué necesarias son las palabras. Habría que ver los silencios como minas con gran potencial de palabras. Hay tantas cosas que descubrir tras el hermetismo del silencio. Nietzsche dijo algo así como: "Ahí donde reina el silencio, no quiere decir que no haya nada que escuchar". Y qué razón tenía.

sábado, 7 de julio de 2007

Panegírico

Hace algunos meses -antes de la suspensión provisional de este blog- uno estaba a punto de publicar una entrada que comenzaba así:

"Me pongo en el lugar de mi madre. Entiendo lo que es ver un hijo sin esperanzas, uno que está optando por el encierro. Uno que últimamente se ha estado sustrayendo de lo que ocurre allá afuera, harto de que le digan que el mundo es de los audaces".

Ello era el reflejo de un paulatino enclaustramiento en el que uno había caído. Justo en el momento en que releo esas palabras tengo que reconocer que mi percepción se ha modificado muchísimo. Cuánto bien hizo su presencia. Qué razón tuvieron las voces que dijeron "arriésgate".

Ahora me entusiasma ahora definir metas, hacer planes. Esas eran cosas que, hasta hace poco, a uno ya no le importaban. Era algo así como deshacerse de los cadáveres de tantas ilusiones y anhelos frustrados. Hubo cambios, afortunadamente, gracias a ella. 

viernes, 6 de julio de 2007

"El héroe".

A pesar de su sencillez, este cortometraje me dejó marcado desde la primera vez que lo vi. Tenía entonces yo como 16 años. Vean cómo sigue teniendo vigencia: ¡es un retrato fiel de las cosas que se ven en el Metro de la Ciudad de México!


domingo, 1 de julio de 2007

Radical pero necesario.

Cuánto daño ha hecho al mundo esa creencia de que el hombre es el ser más perfecto de la creación. Cuántos individuos siguen creyendo que han sido creados a imagen y semejanza de dios. A pesar de que no pueden correr con la belleza y gracia de un caballo; a pesar de que son incapaces de soportar las temperaturas a las que un oso polar está acostumbrado; a pesar de carecer de un olfato tan desarrollado como el de un perro; a pesar de estos y muchos otros ejemplos, cuántos necios siguen creyéndose el centro del universo.

Cuando se propagan puntos de vista similares, se podría pensar que el mundo y todo lo que en él habita es un enemigo más. De manera que cuando ocurre un fenómeno como un sismo o una erupción volcánica -y hay muertes humanas- se llega a pensar que la tierra se ha ensañado con el ser humano y se prefiere cerrar los ojos ante la evidencia de que la tierra estaba incómoda y que tenía la necesidad de acomodarse un poco. Y todo esto porque el ser humano desde hace tiempo se ha negado a aceptar que él es parte de ese todo. Apenas se siente capaz de algo y no tarda en exclamar: "¡Quiero el mundo, y lo quiero ahora!". En fin.

Yo, al igual que muchos, me avergüenzo de tener que vivir en una sociedad basada en concepciones de vida así. Qué asquerosa sociedad es esta en la que se cree que el mundo está ahí para ser visto como un simple recurso, como algo que se utiliza y se desecha.


Esta situación me resulta más patética en el presente. Hoy en día se vive en la inmediatez, en el reino de lo instantáneo y lo desechable. Esto ha permeado casi todos los aspectos de la vida moderna. Estamos tan acostumbrados a la rapidez que cuando algo demora mucho (la conexión a internet, una fila en un lugar público, el tránsito, etc.), casi hacemos un berrinche. Por otro lado, el hábito de usar y desechar también está presente en gran parte de nuestro modo de actuar. ¿Han notado con qué facilidad nos deshacemos de las cosas?

Nuestra relación con las cosas es determinante en nuestras relaciones humanas. Parte del apego se puede explicar así. Por ejemplo, ¿han notado que los abuelos y los padres son (o eran) muy apegados a sus cosas? Eso puede explicarse porque la "moda de lo desechable", pudo haber llegado a su vida después de la infancia. Incluso algunos de nosotros aún conservamos el apego por algo. Por el contrario, si un niño (como los de ahora) desde siempre ha sido acostumbrado a usar, desechar y sustituir, no debe sorprendernos que a futuro le parezca de lo más natural desprenderse de prácticamente todo -inclusive familiares, parejas y amistades- y sustituirlo sin empacho alguno.

Así, en una sociedad fascinada por las constantes novedades, que fácilmente se pueden reemplazar como quien cambia de shampoo, el mundo y el resto de los seres que lo habitan, no se salvan de ser vistos como cosas que está ahí para ser usadas por el ser humano hasta que se agoten. ¿Qué futuro, no?

Justo en este momento me viene el recuerdo de un personaje que solía ver de niño. Me refiero a Bugs Bunny (conejito Bugs). En alguna ocasión dijo al final de su show televisivo: "Si no puedes contra ellos, úneteles". Al parecer, esas palabras que invitan a cualquiera a convertirse en un conformista, es el camino por el que opta la mayoría de los soñadores en estos tiempos. Sin embargo, me queda aún el consuelo de saber que no soy el único.

¡Abajo el antropocentrismo!


Ilustración de Peray, caricaturista árabe (palestino).
La tomé hace años de la sección "Cartonoopia" del sitio www.arabia.com,
aunque ya no existe como tal.