lunes, 2 de julio de 2012

Carnet de identidad en el siglo XX: dos poetas palestinos contemporáneos


 
Mestizos, somos árabes también. 
Alguien que llegó a España hace diez siglos nos circula, 
conoce las estrellas, es caravana en el desierto.
Sarracenos con alfanjes y rodelas cabalgan todavía 
las llanuras hacia mezquitas asombrosas, 
anegando espacios y aposentos con una lengua de medias lunas.

Fernando Rendón


Resulta que estos últimos días he estado recordando un par de escritos pertenecientes a dos poetas palestinos: Samih Al Qassim (1939) y Mahmoud Darwish (1941-2008) y quise compartirlos.

Y es que la dignidad que emana de esos escritos de alguna manera remite a la situación tan crítica que hemos experimentado los mexicanos en los últimos días, jornadas en que privó una descarada irregularidad en los comicios y aún se intenta imponer en la presidencia a un personaje nocivo para el país y nada grato para las mayorías. Así, los ánimos están exaltados. Y esta exaltación viene dada por una sensación de despojo e impotencia; pues se ha pisoteado nuestro derecho a elegir; se nos ha arrebatado la posibilidad de decidir sobre aquello que consideramos lo mejor para nuestro presente y para nuestro futuro.  

Respecto a los poemas de esta ocasión, hace falta mirar un poco hacia atrás para conocer su contexto y así captar mejor la contundencia de estos poetas árabes. En primer lugar, hay que tomar en consideración que desde poco antes de 1948, año en que se fundó Israel -tras desembarazarse de la tutela británica-, inmigrantes judíos provenientes de todas partes del mundo llegaron a Palestina, ocupada desde la segunda década del siglo XX por los británicos. En un principio, para los habitantes palestinos esto no significó amenaza alguna y se les abrió las puertas. Sin embargo, repentinamente el número de inmigrantes aumentó. La presencia británica favoreció la creación de agrupaciones de apoyo a inmigrantes judíos, organizaciones que con el tiempo se convertirían en aparatos del estado israelí. Poco a poco los palestinos comenzaron a ser despojados de sus tierras, vulgar latrocinio perpetrado por los recién llegados. Fue en estas circunstancias que surgieron grupos armados (calificados de terroristas en occidente) que buscaban recuperar el territorio robado a los palestinos. 

He aquí un mapa muy ilustrativo de cómo Israel (en gris) fue apropiándose de las tierras palestinas:


Es de aquellos tiempos que nos habla Samih Al Qassim, quien a pesar de haber nacido en 1939, considera que su año de nacimiento fue 1948, año de gran impacto en su vida, pues corresponde -recordemos- a la implantación de ese injerto occidental en tierras palestinas: el estado de Israel.

EN EL SIGLO VEINTE

Aprendí a no odiar
durante siglos,
pero me obligaron
a blandir una flecha permanente
ante el rostro de una serpiente.
A blandir una espada de fuego
ante el rostro del Baal demente
a transformarme en el Elías del siglo veinte.

Aprendí
durante siglos
a no proferir herejías.
Hoy azoto a los dioses
que estaban en mi corazón,
los dioses que vendieron a mi pueblo
en el siglo veinte.

Aprendí
durante siglos
a no cerrar la puerta ante los huéspedes.
Pero un día
abrí los ojos
y he visto mis cosechas robadas
ahorcada la compañera de mi vida
y sobre las espaldas de mi hijo
surcos de heridas.
Entonces reconocí la traición de mis huéspedes
sembré mi umbral con minas y cuchillos
y juré en nombre de las cicatrices
que ningún huésped franquearía mi umbral
en el siglo veinte.

Durante siglos
no fui más que poeta
asiduo concurrente de los círculos místicos.
¡Pero me he transformado
en un volcán en rebelión
en el siglo veinte!

Por otro lado, los palestinos expulsados buscaron refugio en varios países vecinos (como Jordania y Líbano). Otros permanecieron en Cisjordania (pequeñas áreas al oriente del mapa) y a otros se les confinó en la Franja de Gaza (al suroeste del mapa), convertida hoy en día en el campo de concentración más grande del mundo -qué ironía. 

Pero aquellos palestinos que permanecieron en los territorios anexionados por Israel, conforman hoy en día una quinta parte de la población y se emplean en trabajos marcados por la precariedad. De éstos nos habla justamente Mahmoud Darwish:


CARNET DE IDENTIDAD 

Registra
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?

Registra
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Registra
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espera, paciente, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la yerba.
Mi padre...
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres,
que me enseñó la dignidad del sol
antes que a leer el alfabeto.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderas,
¿te complace?
Soy nombre sin apodo.

Registra
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Mi dirección
vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en sus calles.
Y cuyos hombres todos
están en las canteras o en el campo...
¿Te enfadarás por ello?

Registra
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas...
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?
Registra, pues...

Registra
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!
Soy árabe.

Así las cosas, la situación de los palestinos en la Franja de Gaza continua igual. Y es de esperar que esto ya resulte irrelevante a la comunidad internacional y prefiera ocupar su atención en otros asuntos. Por otro lado, me sigue asombrando la avidez con que públicos numerosos asisten a aquellas películas en que se sigue mostrando al judío vejado por los antiguos egipcios o por las hordas hitlerianas. Y es obvio que, si se toma en consideración que las grandes compañías cinematográficas estadounidenses se encuentran en manos de judíos, adivinaremos de qué lado se inclina la balanza. 

Sí, es frustrante observar que así van las realidades de este mundo. Unas se invisibilizan y otras se sobredimensionan según sea el caso. Y en México no hay lugar en que no se haya vivido nada de lo que aquí ya se ha hablado. Por esta razón, pienso que el contenido de este post, no puede sernos tan ajeno.

Más información sobre poetas árabes contemporáneos:
Fuente del mapa:

viernes, 13 de abril de 2012

Dos pequeños cuentos árabes


Es que últimamente andamos algo arabófilos...


Un fuerte empresario de la antigüedad tenía una gran caravana de camellos con la cual transportaba mercancías de un país a otro. Su único hijo no era ambicioso, sino más bien indiferente al entusiasmo de su padre quien pretendía que el hijo fuese continuador de su actividad comercial.

En una de esas travesías el hijo observó cómo un león cazaba a una gacela y la comía parcialmente. También observó que una vez que se retiró el felino, se acercaron los zorros y comieron cómodamente lo que quedaba.

Este chico sabía de las preocupaciones de su padre, de los problemas que él debía enfrentar y solucionar diariamente. Pensó en el episodio del león, del riesgo, del esfuerzo y también analizó la simpleza y comodidad del zorro que, sin ningún esfuerzo, se pudo alimentar sin arriesgar nada.

Cuando regresaron del viaje, el muchacho comentó lo sucedido con su padre, agregando que con todo el dinero que tenían se podría vivir sin problemas, ni sobresaltos, más allá de las preocupaciones y peligros, y terminó poniendo como un ejemplo la actuación del zorro, a lo que el padre le respondió: "Es necesario ser un león y que los zorros coman tus sobras, y no ser zorro y comer la sobra de los leones."

- - 0 - -

Un joven llegó a un oasis, bebió agua, se aseó e inquirió a un anciano que se encontraba descansando:

-¿Qué clase de personas hay aquí?
-¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?, preguntó el viejo.
-Oh, un grupo de egoístas y malvados. Estoy encantado de haberme ido de allí.
-Lo mismo habrás de encontrar aquí,
respondió el anciano.

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:

-¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

-¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?
-Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado.
-Lo mismo encontrarás aquí, concluyó el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

-¿Cómo es posible dar la misma respuesta a dos situaciones tan diferentes?

A lo cuál el viejo contestó:

-Cada uno lleva en su corazón el entorno donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo, no encontrará otra cosa aquí. Quien encontró amigos allá, aquí también podrá encontrarlos.

Fuentes:

http://www.laregiondigital.com.mx/web/deportes/49-desde-la-redaccion/17026-qes-necesario-ser-un-leon-y-que-coman-los-zorros-tus-sobras

http://www.enbuenasmanos.com/articulos/muestra.asp?art=491

Imagen:
http://www.taringa.net/posts/imagenes/6966565/Proverbios-_rabes.html

miércoles, 6 de abril de 2011

Helenofilias

No sé en qué consiste. En verdad no me explico porqué en ocasiones me llega un repentino apasionamiento por imágenes, sonidos, palabras, conceptos, personajes, sucesos, etcétera. Es algo equiparable con el nacimiento de un volcán, del cual emergen, directamente de las entrañas de la tierra, torrentes de magma, materia en fusión que, una vez enfriada, dará lugar a suelos de extraordinaria fertilidad y a esa roca obscura que se denomina basalto, tan inseparable, por cierto, de los paisajes de la Ciudad Universitaria de nuestra querida UNAM.

Es de todos sabido que la tierra se apacigua un rato una vez que libera su energía a través del volcán. Y de la misma manera en que la tierra se tranquiliza, cuando uno ha satisfecho su curiosidad, termina el entusiasmo. Así, este continuo despertar de intereses, más que convertirse en la ocasión perfecta para sumergirse en los océanos de la erudición, se vuelve un momento de emoción volátil cuya brevedad no da pie a profundizaciones y uno permanece en la superficialidad. Es posible que se diga por ahí que ese comportamiento es el que lleva a las personas a volverse 'aprendiz de todo y maestro de nada'.

Para mí, ser un erudito o un aprendiz sempiterno son cosas que por el momento me tienen sin cuidado. Por ahora prefiero dejarme llevar por esos breves apasionamientos y compartir en este espacio lo que de ellos nazca. Y es que, desde hace unos meses, me llegó un súbito deseo de acercarme a dos manifestaciones del mundo helénico contemporáneo: la música y la poesía.

Por una parte, me he apasionado por el trabajo de George Dalaras y por la voz de una mujer que, sin duda, fue una intérprete magistral de muchos de los poemas musicalizados por Mikis Theodorakis. Sí, el mismo que compuso la música para 'Zorba el griego', película basada en la novela Alexis Zorbas de Nikos Kazantzakis (1883-1957).

Pero antes de hablar un poco más acerca de esa mujer, siento necesario subrayar que a Theodorakis se deben dos cosas. En primer lugar, dotó al buzuki, ese instrumento cordófono ligeramente emparentado con el saz de los turcos, con un repertorio que le hizo ir más allá de la música meramente rebética, música de los barrios bajos de ciudades como Atenas, Salónica o el puerto del Pireo. En segundo lugar, logró que las palabras de tanto poeta pasaran de boca en boca, gracias a sus arreglos musicales que, aún hoy en día, son un deleite para griegos y no griegos. Y un buen ejemplo de ello es el poema 'Negación' de Giorgos Seféris (1900-1971), quien recibió, en 1963, el premio Nobel de Literatura:

En la playa escondida
y blanca como paloma
tuvimos sed un mediodía
pero el agua era salada
.

En la arena dorada
escribimos su nombre;
suave sopló la brisa

y borró lo escrito.

Con qué corazón, con qué aliento,
con cuántos deseos y pasiones
hemos vivido
: ¡qué error!
Y cambiamos de vida
.

El arreglo musical que realizó Theodorakis para este texto fue prohibido, pues se convirtió en un himno en contra de la junta militar que estuvo en el poder en Grecia, de 1967 a 1974. Acerca de este periodo, Takis Sinopoulos (1917-1981), escribió: "Atenas es una enorme cárcel. Grecia es un inmenso alambre negro de púas que se pierde en el cielo. Ninguna luz".

Como músico y militante, Mikis Theodorakis, sabía bien cómo llegar a los oídos de los griegos. Pero su música y los poemas no podían lucir sin la voz de la mujer a la que apenas me he referido. Cuando el compositor la escuchó por primera vez, quedó impresionado. Al final de la presentación, se acercó a ella y le preguntó: '¿Sabes que naciste para cantar mis canciones?'. A partir de ese encuentro, el prestigio de esta mujer creció a la par del de las composiciones de Theodorakis en que ella intervenía. Su nombre es María Farantouri y he aquí su voz en la primera estrofa del poema 'Negación', que en la versión musicalizada por Theodorakis, fue conocida con el nombre de 'En la playa escondida' (Στο περιγιάλι το κρυφό).

Por otro lado, al explorar en estos terrenos de la 'palabra florida' de la primera mitad del siglo XX, cayeron en mis manos los 'Consejos' de Klitos Kyrou (1921 - 2006), cuyo contenido no le será indiferente a muchos:

Ahora ya no se recomienda
Recurrir a las viejas fotografías
La vida tiene tantas recaídas

No regresen a la época de los amores
En los violentos veranos no sucumban
En la seducción de las pasadas voces
El celuloide mantiene posturas y sonrisas
En el amanecer de la vida figuras inmóviles
Que los miran nostálgicos momentos
Que todo poseían que han sido ya olvidados
Rostros que se alejaron de ustedes
El celuloide revela el engaño
Del tiempo agigantado a otro tiempo
Que permanece intacto en las mínimas
Muestras de desgaste por ello no hurguen
En viejas fotografías no se arriesguen
En comparación alguna que sugiera a pesar de ustedes
No lean dedicatorias de amistad o amor eterno
No vean a conocidos suyos que quedaron
Bien planchados como listos para la gran fiesta
Eviten cada incursión en viejas fotografías
No turben su serena quietud
Son sabias saben cómo vengarse

De tiempos más recientes, me he encontrado también con algo de Costas Montis (1914-2004), que no fue propiamente griego, sino chipriota; es decir, natural de la isla de Chipre, cuna y reino de Afrodita, diosa de la atracción sexual.

Pero aconteció que a mediados de 1974, el ejército turco invadió la parte septentrional de esta isla e instauró la República Turca del Norte de Chipre. La población grecochipriota fue obligada a desplazarse hacia el sur. Y hoy en día queda, además del rencor, una enorme bandera turca pintada en la montaña del Pentadáhtilo, cuya altura hace visible la bandera del invasor a los habitantes de Nicosia, la capital; eso sin contar con que, para mantener abierta la herida, dicha bandera es iluminada por las noches. Costas Montis en 'Invasión turca', reflexiona:

Ahora ya no sé
si las golondrinas partirán hacia Chipre
para enviarte mi carta.
Ahora ya no sé
si las grullas pasarán por las cimas del Pentadáhtilo
para entregarles mi carta.

Del mismo autor, otro texto que ha fungido como un estímulo más en este periodo de apasionamiento, es el siguiente. Y en él, todo está dicho:

Nosotros no vivimos la vida; la recorremos

Todo lo que vivimos, todo lo que amamos,
todo lo que dijimos nuestro,

se repetirá en nuestra ausencia con otros que lo vivirán,
otros que lo amarán, otros que lo harán suyo.

Estos versos no se completan en frío,
estos versos los completará el mercurio de la última fiebre,
estos versos los completará nuestro último delirio,
explíquenlo al editor.


Somos guijarros que la ciudad mondó.

Una prueba tipográfica somos, amigos míos,
está sujeta, permanentemente, a correcciones.

Algún día vendrá alguien que quite la línea divisoria,
con una flameante interlínea en el cielo,
con un leve carrizo en la tierra.

Pasando a otro asunto, no es del todo aventurado afirmar que la historia de Grecia y España, durante el siglo XX, fue muy similar. Ese fue el motivo por el que cierto público, tanto en España como en Grecia, estaba interesado por dar a conocer lo que en materia poética se había hecho en ambos países. Sin embargo, parece que eso ha quedado en buenas intenciones, puesto que aún no se dispone de las traducciones suficientes como para alcanzar ese objetivo. 

Pero si de por sí ya es una lástima que en la mismísima España exista muy poca difusión de la literatura griega contemporánea -exceptuando, claro, la gran labor del helenista Pedro Olalla- eso se vuelve una desgracia aquí en México, el Ombligo de la Luna, pues hasta la fecha no he podido encontrar un ejemplar traducido del Epitafio de Yannis Ritsos (1909-1990). Y esta ausencia la he paliado enfermizamente con un volumen en su versión original y con un CD titulado "Epitafios/epifanía" con los poemas musicalizados por el mismísimo Mikis Theodorakis, adquiridos ambos en una fugaz visita a Atenas. Y sí que es frustrante para mí el hecho de no poder entenderlos en el original (Δεν καταλαβαίνω ελληνικά).


Por otro lado, tampoco he visto algún libro de Costas Montis, a pesar de que en alguna ocasión, Stalo Monti-Pouagare, hija del escritor, se haya presentado en la Facultad de Filosofía y Letras, para develar un busto en bronce de su padre y para anunciar que, de sus textos, ya se preparaban las traducciones al español. Y sigo a la espera.

Hasta aquí con las helenofilias. Estas serán retomadas en otra entrada, en la cual se hablará un poco -ya que otros han hablado mucho- sobre el alejandrino Petrou Constantino Cavafis.

Fuentes:


Kappatos, Rigas y Montemayor, Carlos, Antología de la poesía griega del siglo XX, Textos de difusión cultural, México, UNAM, 1993.

http://bibliocriptana.files.wordpress.com/2009/05/18-26-05-09.pdf
http://lapasiongriega.blogspot.com/2008/05/yiorgos-seferis-negacin.html
http://lapasiongriega.blogspot.com/2010/07/chipre-treinta-y-seis-anos-de-ocupacion.html

http://www.jornada.unam.mx/2010/04/20/index.php?section=cultura&article=a05n2cul

sábado, 3 de julio de 2010

Apología del danzón

No recuerdo ya cuándo fue la primera vez que vi la película “Danzón”, protagonizada por la excelente actriz María Rojo. En cambio, lo que sí puedo asegurar es que en aquel entonces no hubiese sido capaz de apreciarla como lo haría en el presente.

La historia se inicia en el momento en que Julia Solórzano (María Rojo), una operadora telefónica apasionada por el danzón, emprende la búsqueda de su pareja de baile, Carmelo Benítez, quien, inesperadamente, deja de presentarse en el salón donde ambos suelen reunirse. En su afán por encontrarlo, Julia emprende un viaje hacia el puerto de Veracruz, lugar del que Carmelo es originario. Ahí, la vida la lleva a encarar circunstancias muy peculiares. Es así que las decisiones tomadas por Julia hacen que su viaje se vea ampliamente enriquecido de experiencias.

Al igual que otros trabajos de la cineasta María Novaro (como "Lola" o "Las buenas hierbas"), en los que la trama se desarrolla en torno a personajes femeninos, “Danzón” constituye un testimonio fílmico invaluable, dado que en el cine nacional las mujeres han sido retratadas predominantemente por los hombres, pero pocas veces hemos visto a la mujer retratada por sí misma.

Pero a aquello a lo que atribuyo más peso, entre los elementos que me han permitido apreciar mejor el largometraje referido, es la práctica misma del danzón.

Como muchos otros, en alguna ocasión por ignorancia llegué a exclamar que el danzón era un “baile de abuelitos”. Pero la realidad me dio una gran sorpresa al demostrarme que, hasta la fecha, tanto jóvenes como niños muestran gran interés en su aprendizaje. En mi caso, el gusto me fue naciendo poco a poco. Los primeros estímulos los recibí en la Plaza de la Ciudadela. Tiempo después decidí tomar algunas clases en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue ahí donde conocí su estructura y sus antecedentes históricos, elementos que considero fundamentales para todo aquel que desee iniciarse en su práctica.

La estructura del danzón resulta muy interesante, pues consta, al igual que un rondó, de un estribillo que se repite a lo largo de la pieza para anunciar a las parejas el momento justo en que la danza debe iniciarse. Cada estribillo -durante el cual hay una pausa obligada en el baile- se alterna con distintas frases melódicas en que las parejas hacen gala de pequeños y elegantes pasos. La última parte del danzón, que es la más cadenciosa y exige mucha pericia, es denominada 'montuno'. Es en este segmento donde más resalta la gracia dancística de la mujer.

Por otro lado, ha de mencionarse que el danzón tiene sus antecedentes en antiguos bailes de figuras europeos, como la contradanza francesa o la danza de campo inglesa. Es en la ciudad cubana de Matanzas -ubicada al noroeste de la isla- que el danzón empieza a tomar forma, aunque al principio carecía del montuno. La razón de esta carencia no deja de ser curiosa.

Resulta que durante el siglo XIX, el danzón era un baile asociado a la sociedad acaudalada de Cuba. Tiempo después, en los montes (ahí donde habitaban los menos afortunados) surgió un irresistible ritmo: el son montuno, o más sencillamente, el son. Era tan cadencioso que no pasó desapercibido a los oídos de la ‘gente bien’ de aquel tiempo, pero pudo más el orgullo de clase y el nuevo ritmo continuó siendo denostado. Posiblemente se decía algo así como: “¿O’e chico, cuándo se ha vi’to que nosotro’, la crema y nata de la sociedá cubana, bailemo’ un ritmo propio de lo’ mene’teroso’ d’e’ta i’la?”

Pasaron varios años antes de que el danzón adquiriera su forma actual. No fue sino hasta principios del siglo XX que a la parte final se le agregó una buena cantidad de compases de son montuno (“para que goce todo el mundo”, como dice por ahí una vieja canción cubana).

El danzón llegó a México gracias a los inmigrantes cubanos que huían de los estragos de la guerra de independencia que, desde 1895 hasta 1898, se libraba en Cuba contra lo que quedaba del decrépito poder colonial español en América. Los vecinos recién llegados entraron a estas tierras a través de los estados de Yucatán y Veracruz, en plena época de Porfirio Díaz, aquel general oaxaqueño que gobernó este país por más de 30 años, y en contra de quien se inició la hoy en día tan nombrada Revolución Mexicana –en el contexto actual no me extrañaría que estos neoliberales en el poder la conviertan en septiembre en “un show cómico, mágico, musical” que una cierta caterva gregaria de mexicanos tomará como una oportunidad más para embriagarse en nombre del Centenario de la Revolución y de paso por el Bicentenario del inicio de la guerra de Independencia-. En fin.

Pero regresando al tema de este post, que desde luego no es la abominación de estos últimos sexenios, sino la exaltación del baile en cuestión -y de paso la película de María Novaro-, siento necesario hacerles llegar un convite para que por ustedes mismos descubran el encanto que le es propio y que en su momento no dejen pasar la oportunidad de bailar un sabroso y buen danzón, justamente en estos tiempos en que las palabras de Georges Moustaki adquieren un significado muy especial:

Danse tant que tu peux danser, danse autour de la terre,
Pour ne plus porter sur ton dos la mort et la misère
Et tu verras jaillir des sources souterraines,
Et les torrents de joie qui coulent dans tes veines.

[...]

Danse tant que tu peux danser.
Viens, le bal est ouvert !


¿Me concede esta pieza, señorita?


sábado, 26 de diciembre de 2009

Apología del café

Un año más que se termina y aunque uno no escribió tantas entradas como hubiese querido, antes de acabar el 2009 quisiera consagrar este post a esa bebida que desde hace mucho ha resultado ser la mejor aliada en esas mañanas en que uno se levanta con los ojos pegados y sale de casa, aún con el aroma a sábanas, tropezando a causa del sueño que se lleva en la espalda: el café.


¿Qué haría uno sin el café? Sea en casa, en la calle, en la ciudad, en el país y en el mundo, nos alegra la vida y nos la hace menos insoportable, desembarazándonos de la pesadez del sueño.


He ahí la razón por la que me es imprescindible tomar café antes de entrar al uficho. Por esta razón, tras la consuetudinaria solicitud de un ‘americano bien cargado’, bastaba con que el dueño de la cafetería me viera a unos metros de su establecimiento para que me lo empezara a preparar.


Por lo fuerte de mi brebaje -hasta se me ha dicho que daría igual si me comiera a puñados los granos de café y me los pasara con agua caliente-, los opresivos brazos de Morfeo caen como listones rotos y me permiten entrar de lleno a las actividades diarias con el ánimo de la cabra del pastor Khaldi, aquel etíope a quien se atribuye el descubrimiento de las bondades del café al notar los efectos que provocaban en una de sus cabras la ingestión de ciertas drupas rojizas.


A pesar de todo lo malo que se dice del café –que si roba el calcio de los huesos, que si provoca insomnio o provoca gastritis-, millones de bebedores de café (empleados, mercaderes, snobs, campesinos, escritores, trasnochados, platicadores, comadres chismosas, adivinadores, amas de casa, etc.) no pueden estar equivocados: ¡el café rifa!


Sin más preámbulos -y so pena de convertirme en un apologista más de la cafeína- quisiera presentar algunas citas respecto al café obtenidas en el artículo “Reflexiones cafeinómanas” de la revista Algarabía No. 38, correspondiente al mes de septiembre de 2007, algunas de las cuales también se pueden encontrar en el Wikiquote sólo en su versión en inglés:


Reflexiones cafeinómanas:


“El café llega a mi estómago y, en seguida, hay una conmoción general: las ideas empiezan a moverse como los batallones de la Grand Armée en el campo de batalla y la refriega da inicio. Los recuerdos llegan a todo galope; marchando al viento; la caballería de las comparaciones me ofrece magníficas descargas; la artillería de la lógica se da prisa con las municiones e inicia el ataque con tiros certeros; las frases llegan y las hojas de papel se llenan de tinta, ya que la lucha comienza y termina con polvo de café, así como las batallas lo hacen con pólvora.”

Honoré de Balzac


“Claro que el café es un veneno lento, hace 40 años que lo bebo.”

Voltaire


“El café es una bebida que te hace dormir... si no la bebes.”

Alphonse Allais


“Se cambia más fácil de religión que de café.”

Georges Courteline


“Ningún café es bueno al gusto si no ofrece antes un sutil aroma a nuestro olfato.”

Henry Ward Beecher


“Una mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.”

Alejandro Dumas


“Yo creo que el género humano ha logrado tantos avances no por su inteligencia, sino por tener pulgares oponibles... para preparar café.”

Flash Rosenberg


“Tomar café descafeinado es como besar a tu hermana.”

Bob Irwin


"Si tuviera sueños serían como el humo de mi café."

Carly Simon


“Si no hay café para todos, no habrá paz para nadie.”

Ernesto ‘Che’ Guevara


“Si fuera mujer, usaría el café como perfume.”

John van Druten


“Detrás de toda gran mujer hay una nada despreciable cantidad de café.”

Stephanie Piro


“Podría medir mi vida en cucharadas de café.”

T.S. Eliot


“El café nos torna serios, profundos, filosóficos...”

Jonathan Swift


“El café es para despertar, el café es para trabajar, el café es para vivir, el café es vida.”

Tim Parsons


De cafeinómanos anónimos:


El adicto total: “No tengo problemas con la cafeína... tengo problemas ‘sin’ la cafeína.”


El amenazador: “Nunca te interpongas entre mi café y yo.”


El comparativo: “Una mañana sin café es algo así como el sueño.”


El culposo: “La conciencia mantiene en vela a más gente que el café.”


El daltónico: “¿Qué si me gusta el café negro? ¡Qué! ¿Hay de otros colores?”


El despierto: “La gente dice que no toma café porque luego no puede dormir; en cambio, yo, dormido, no puedo tomar café.”


El Edipo: “Mamá es ese ser maravilloso que despierta en las mañanas sin necesidad del aroma del café.”


El exagerado: “Mi café es tan fuerte que despierta a los vecinos.”


El impaciente: “La eternidad es el periodo de tiempo que tarda en estar lista la primera cafetera de la mañana.”


El inquisidor: “El café descafeinado es la mezcla del Diablo.”


El instructivo: "Humano instantáneo, sólo agregue café."


El lógico: “Si no tiene cafeína no es café.”


El magalómano: “Con suficiente café podría dominar al mundo.”


El megalómano con variante arquimédica: “Denme un café de apoyo y moveré al mundo.”


El metafísico: “¿Existirá vida antes del café? No. Existe vida 'después' del café."


El perseverante: “Renunciaría al café... ¡Pero yo nunca renuncio!”


El pesimista: “En cuanto te sienes con tu taza de café, tu jefe te pedirá que hagas algo que durará exactamente lo necesario para que se enfríe.”


El realista: “El sueño es sólo un síntoma de la privación del café.”


El reivindicador: “La cafeína no es una droga... ¡Es una vitamina!”


El rencoroso: “Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.”


“Un buen café debe ser negro como la noche, caliente como el infierno y dulce como el amor.”


Finalmente, antes de despedir este año –justamente mientras en la calle se escucha esa antiquísima canción que dice “Yo no olvido al año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas...”-, he de terminar esta entrada, en primer lugar deseandoles un excelente 2010 y, en segundo lugar, haciendo eco a las palabras del cafetero creyente, aquel que afirma: “Todo el mundo debería creer en algo... Yo creo que me haré otro café.”


¿Ustedes gustan?


Origen de las imágenes: Genciencia y El desinformal.