miércoles, 24 de mayo de 2017

La grandeza es una cosa y la humanidad es otra

Se cuenta que un hombre de Deir Bakr, una de las poblaciones otomanas más remotas, tenía un hijo de de malas intenciones y mal comportamiento. Cuando el hombre dejó de albergar cualquier esperanza en la corrección de su hijo, lo abandonó diciendo: “Jamás te convertirás en un buen ser humano”.
El hijo dejó la casa paterna y entró en el ejército donde hizo grandes méritos y ascendió hasta que, después de algún tiempo, se convirtió en Gran Visir, el más importante de los ministros de Estambul. Fue entonces que comprendió a su padre quien lo juzgó duramente diciendo que jamás se convertiría en un buen ser humano. Y ordenó que fuese traído a la ciudad sin informar a nadie que el prisionero era su padre.
El hombre, vestido humildemente, fue conducido desde la distante Deir Bakr a Estambul, ciudad de la que se decía que “cualquiera que era llevado ahí se perdía y aquel que salía de ella volvía a nacer” por causa de la tiranía de sus gobernantes y los malos tratos de sus habitantes. Y ahí, el Gran Visir lo convocó. El hombre tembló de miedo, como si su vida estuviera en la mano de aquel ministro, sin atreverse a levantar la vista hacia él.
El visir le preguntó por su hijo. El hombre se dio cuenta de que aquel debió haber perpetrado un crimen del tamaño de una grandísima traición y por esto se le había traído a Estambul de una manera tan humillante. Y dijo temblando de miedo:
-Gran señor, mi hijo era de malos hábitos, era inmoral y llevaba una mala vida. Cuando le pedí que se comportara como un buen ser humano, me abandonó olvidándose de mí. No sé de él desde hace mucho tiempo y ya no soy responsable de él, ni de sus actos.
Y dijo el gran visir:
-Yo soy aquel hijo tuyo. Y héme aquí convertido en Gran Visir.
El hombre levantó su mirada y observó completamente el rostro de su hijo y dijo:
-Nunca dije que no te convertirías en Gran Visir. Dije que jamás te convertirías en un buen ser humano y lo sigo pensando.
De ahí viene el dicho de que la grandeza es una cosa y que la humanidad es otra.

Cuento de Salaam Al-Rasi, escritor libanés (1911-2003).
Traducción: Resih Omar Hernández Beristáin.

No hay comentarios.: