domingo, 24 de junio de 2007

Tedio.

Hay poco que decir. Estos últimos días se me ha desdibujado de la cara cualquier expresión de alegría. No sé si son las lluvias, estas paredes y su silencio o qué sé yo.

Despertarse, desayunar, bañarse, vestirse y salir rumbo al Centro o hacia Ciudad Universitaria y encontrarse con alguien, se ha convertido en la receta más socorrida para combatir este hastío.

El contacto con la gente me alivia un poco.
Parece que en esta casa no vive nadie antes de las ocho de la noche. Se siente la necesidad de salir y codearse con todo aquello que dé señales de vida. Pero allá afuera predomina el color gris. Y a pesar de que gusto de los días lluviosos, últimamente no siento deseos de levantarme y ni siquiera de poner en práctica esa mentada fórmula anti-tedio. Es sólo que hay días como estos en que prefiero recetarme las palabras de Chico Buarque: "Duerme, duerme... no vale la pena despertar."

Sí, hay días así...

Imagen: http://www.donskiff.com/images/rain.jpg

domingo, 10 de junio de 2007

No para siempre en la tierra.



"¿Acaso en verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra,
sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra.
Aunque sea oro se rompe.
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra,
sólo un poco aquí."

Nezahualcóyotl (S. XV).
Rey-poeta de Texcoco,
señorío prehispánico aliado de México Tenochtitlán.


Esas palabras del rey de Texcoco traducidas al castellano resuenan en mi cabeza. Sus palabras podrían pasar por obviedades. Sin embargo, en los tiempos que vivimos, en los que se evita tanto pensar sobre la muerte, ese poema nos advierte de lo frágil y lo breve de la vida. No somos nada, palabra que no.

Estuve haciendo planes para encontrarme, la mañana de este domingo, con una amiga a la que me gustaría enamorar. Poco después, mi madre entró a mi cuarto para comunicarme una noticia: "Me acaban de hablar de Córdoba: acaba de fallecer...". Conclusión obvia: Cupido y Mors difícilmente andan separados.

En este momento carezco del entusiasmo con que realicé los planes para encontrarme con ella. El difunto no era para mí un pariente distante, como otros de ese lugar. No es que de repente se haya convertido en un ser ejemplar por el simple hecho de haber muerto. Pero no puede negarse que era un hombre que se hizo por sí mismo. Uno que engendró cinco hijos que lo hicieron un abuelo exageradamente tierno en proporción directa con el número de nietos habidos. Era él quien nos ofrecía una cómoda habitación y un plato en la mesa cuando estábamos en Córdoba, e insistía que nos quedáramos más tiempo para ir a la costa.

Cómo me repugna el alcohol en momentos como este. Cómo trae desgracias. Bien dicen que el que tiene un arma en su casa, siempre termina haciendo uso de ellas.

Adios, tío Herminio. Gracias por todo. Ya te alcanzaremos.

sábado, 2 de junio de 2007

Círculo vicioso.

No puedo negar que extraño la presencia de la mujer de quien en el pasado denosté. El tiempo nunca cura las heridas, tan sólo hace más borrosos los recuerdos y eso no significa que no queden cicatrices. La vi de nuevo. La tentación fue grande. Se lo hice saber. Nos volvimos a tratar.

Aquel vagón, sin iluminación interna que corría por la Línea 3 atestiguó mi atrevimiento y su avenencia. Me acerqué a su rostro, ella correspondió.
Asumimos que el contacto era inevitable. Besos. Ardientes y tiernos a la vez. Poco después vino la monotonía. Hizo su aparición el silencio, el desencanto. "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos..." "¿Te enamorarías de mí?", inquirió. Silencios. Respondí que nunca supimos nada uno del otro, que éramos dos extraños que sólo tenían en común su mutuo desconocimiento. Preguntó si para mí no significó nada el hecho de habernos estado encontrando los últimos días. Me quedé sin palabras. ¿Coincidencias? Yo no sé.

Ella me hace pensar en lo que un día fue. No puedo dejar de lado que nuestras demostraciones de afecto son distintas y que difícilmente coinciden. Le propuse conversar de
ello en otra ocasión. "¿Crees que tiene algún sentido? Tu rostro y esa actitud un tanto fría lo dijeron todo", concluyó.

De ella admiro su valentía y su modo de relacionarse en sociedad. Simpatizo con su extroversión. Y no puedo olvidar la sensación de ese abrazo, tras el cual sus manos parecían resistirse a soltar las mías. Entro en un estado de confusión que me lleva a recordar los buenos momentos a su lado, a pesar de los engaños...

No puedo negar que extraño la presencia de la mujer de quien en el pasado denosté. El tiempo nunca cura las heridas, tan sólo hace más borrosos los recuerdos y eso no significa que no queden cicatrices. La vi de nuevo. La tentación fue grande. Se lo hice saber...