sábado, 7 de julio de 2007

Panegírico

Hace algunos meses -antes de la suspensión provisional de este blog- uno estaba a punto de publicar una entrada que comenzaba así:

"Me pongo en el lugar de mi madre. Entiendo lo que es ver un hijo sin esperanzas, uno que está optando por el encierro. Uno que últimamente se ha estado sustrayendo de lo que ocurre allá afuera, harto de que le digan que el mundo es de los audaces".

Ello era el reflejo de un paulatino enclaustramiento en el que uno había caído. Justo en el momento en que releo esas palabras tengo que reconocer que mi percepción se ha modificado muchísimo. Cuánto bien hizo su presencia. Qué razón tuvieron las voces que dijeron "arriésgate".

Ahora me entusiasma ahora definir metas, hacer planes. Esas eran cosas que, hasta hace poco, a uno ya no le importaban. Era algo así como deshacerse de los cadáveres de tantas ilusiones y anhelos frustrados. Hubo cambios, afortunadamente, gracias a ella. 

1 comentario:

Alejandro Larracilla Baltazar dijo...

¿Quid novi?

Aquello de "...harto de que le digan que el mundo es de los audeces" y "Qué razón tuvieron las voces que dijeron 'arriésgate'", me parece haberlas escuchado en algún lugar; tal vez fue dentro de mi cabeza. En fin, eso no importa, hoy lo que importa es lo que sucede y nada más. Lo que importa es la comprobación de lo alguna vez platicamos en uno de esos "tiempos de metro" que trataba sobre los constantes subires y bajares de la vida. Pues ya vex pex, que ahora vas de subida y es momento de degustarlo como sucede con los buenos vinillos. Más adelante, ya verás, pero eso será más adelante. Por otro lado, sin ser tan de lado, me agrada leer palabras tan positivas provenientes de eso que a veces parecía tumba decimonona: fría y oscura. A su vez, me colma de entusiasmo pues compruebo que hay miles de cosas que conocer y que arriesgar ocultas en el futuro en espera de ser descubiertas. Has descubierto o redescubierto una de ellas, que tal vez es tesoro de oro molido. Mientras tanto, de este lado, hagamos lo propio, que seguramente también habrá, si no oro, sí plata, de la más hermosa y fina.

Alejandro Larracilla Baltazar dixit